Revista Pan Caliente | Levapan

Panorama del trigo en el 2022

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Quien se dedica al negocio de la panificación sabe de sobra lo importante que es para la cadena de producción un ingrediente como lo es el trigo. Este, no solo se materializa en alimentos básicos para la humanidad como los cereales, sino después de procesado, se convierte en materia prima por excelencia para lograr harina, con la cual se hacen panes, pastas y galletas.

Sin embargo, mucho se ha especulado, luego de dos años de incertidumbre económica y social, sobre el rol del trigo en el país. Y muchos interrogantes han surgido en los corrillos de las industrias y los negocios sobre una posible alza en el precio de la harina, y en general, sobre el panorama de oferta vs. demanda del trigo a nivel global. 

Pero, ¿qué debemos esperar desde el sector panificador colombiano? Acaso, ¿nos estaremos enfrentando a un desabastecimiento de trigo? Para solucionar esta y otras incógnitas, revista Pan Caliente habló con Pilar Ortiz, Directora de la Cámara Fedemol ante la Andi, quien desde su posición aclaró el panorama de lo que viene en este 2022.

El 2020 fue un año completamente atípico para cualquier mercado. Y aunque gran parte del mundo se confinó resguardándose de un enemigo silencioso e invisible como el COVID-19, la industria molinera colombiana no cesó operaciones ni un solo día.

 Las plantas de molienda y fortificación, por suerte, estaban preparadas desde años atrás; pero no para una pandemia, porque ni el más escéptico podía predecir lo que sucedería, sino para afrontar los requerimientos que esto traería. Requisitos como protocolos de bioseguridad y tecnología en líneas de producción ayudaron a que no se interrumpieran labores durante los confinamientos en Colombia.

Gracias a ello, la adaptación de una “nueva modalidad de trabajo” no fue traumática, y más aún sabiendo que de su trabajo dependía gran parte de la canasta básica familiar, pues en una labor en conjunto con el Gobierno nacional, se permitió el trabajo continuo para que ninguna panadería o pastelería presentara escasez de harina de trigo, y de esta manera se pudiera garantizar la presencia de pan, galletas y pastas en los hogares colombianos.

“Los molineros tienen plantas modernas. No hubo dificultad con respecto a lo que pasó en torno a la pandemia. La bioseguridad fue rigurosa, los turnos se cumplieron bajo el porcentaje exigido de personas en planta. Por fortuna, no registramos ninguna muerte por Covid en las plantas del país”, asegura Pilar Ortiz. 

No obstante, para los molineros colombianos, la situación, aunque fue controlada desde lo operativo y lo logístico, no fue ajena a ciertos aspectos globales que pusieron contra la pared a más de un empresario en el país. Para nadie es un secreto que Colombia importa el 99,7% de trigo, proveniente de Canadá y Estados Unidos. ¿La razón? El país no cumple con los requerimientos para cultivar trigo a niveles de producción, lo cual dificulta la labor de procesamiento y/o exportación.

 

“Lo que ha demostrado la historia de Colombia es que los cultivos de trigo nacionales nunca alcanzaron el rendimiento que hay en regiones denominadas como países trigueros. Para cultivar trigo y tener trigo para la molienda, es decir para obtener harina de trigo, se necesitan varios factores como, por ejemplo: grandes extensiones de tierra en suelos cuya altura esté entre 2.000 y 3.000 m.s.n.m (porque el trigo no es rentable en pequeños terrenos); una logística robusta para transportar altos volúmenes de cereales, entre otros”, afirma Ortiz.

Aclarado esto, en el momento en que los mercados del mundo comenzaron su reapertura, una sobredemanda de trigo empezó a hacerse presente, complicando así temas logísticos de despachos y transporte, en especial en las vías marítimas. ¿El resultado de esto? Una subida en el precio de los fletes de hasta un 80%, afectando de forma directa el valor de la importación del trigo. 

Sin embargo, la industria molinera ha hecho innumerables maniobras para tratar de lograr un precio que no afecte a los panaderos o a los pasteleros, previendo que la harina de trigo fortificada pueda estar siempre disponible para los comercios que la requieran.

Ahora, si hay que resaltar una labor de la industria molinera colombiana es justamente esos esfuerzos por no romper el comercio con un precio impagable. Por ejemplo, ¿sabía que Colombia es un país especializado en fortificar la harina? Lo cual quiere decir, que la harina de trigo que se comercializa localmente tiene micronutrientes como vitaminas b1 y b2, hierro, niacina y ácido fólico, que generan beneficios a poblaciones de escasos recursos que basan gran parte de su dieta alimentaria en panes artesanales, industriales o pasta. Con todo y esto, frente a los demás países de la región, nuestro país se enorgullece de tener una harina de altísima calidad al precio más económico. Gratificante ¿verdad?

Según cifras del portal estadístico Statista, para el 2021 la Unión Europea fue la región de mayor producción de trigo en el mundo con 138.900 toneladas, seguido de China con 136.946, India con 109.500, Rusia con 75.500 y Estados Unidos con 44.790 toneladas.

 

En el caso colombiano, el trigo que se procesa para convertir harina proviene en un 67% de Canadá y en un 29% de Estados Unidos. La razón de elegir proveedores del hemisferio Occidental está sustentada en el Tratado de libre comercio TLC celebrado por el Gobierno Nacional y los Estados Unidos y Canadá, en donde el arancel es de un 0%. Esto permite a los molineros disminuir costos de importación lo cual se traslada automáticamente al precio que sale al mercado. Adicional a ello, Canadá es mundialmente reconocido por cosechar trigo de muy buena calidad y con alta proteína.

Actualmente, la Federación nacional de molineros de trigo FEDEMOL, trabaja arduamente bajo dos frentes muy específicos. El primero está enfocado en hacer hincapié en el concepto de “fortificación”. La gran mayoría de personas, y como lo hemos mencionado en este artículo, sabe que la harina de trigo que se comercializa en el país es fortificada desde hace muchos años. Gracias a sus beneficios dietarios, el Gobierno decidió emitir una regulación en donde productos hechos con harina de trigo como panes, pastas y galletas deben cumplir con la inclusión en sus ingredientes de harina de trigo fortificada.

 

A pesar de ello, muchos de los productos industrializados o terminados que llegan bajo la modalidad de importación, y que se ofrecen en mercados, especialmente en pastas y galletas, no cumplen con esta normatividad.

 

“El Invima no ha logrado contener este tipo de productos. Ya sea por las razones que sean, es clave que vigilen y garanticen que los alimentos que lleguen a Colombia ¡cumplan! Con lo que hemos trabajado durante tantos años”, puntualiza Pilar.

 

El otro gran reto que se ha venido presentando, y el cual es reciente, tiene que ver con la guerra entre Rusia y Ucrania. El primero, está dentro del top 5 de países exportadores de trigo a nivel mundial, y en conjunto representan el 30% de las exportaciones de trigo en el planeta. Ahora, dependiendo de cómo se comporte el conflicto, el abastecimiento de trigo puede correr un riesgo grande a nivel de oferta.

 

A lo largo de la historia, el pan ha sido unos de los alimentos por excelencia de la humanidad. Por ende, ante una posible amenaza de desabastecimiento, seguramente todos los países estarán alerta para comprar trigo y provisionarse en un caso tal. Esto sin contar una subida en precios, que, desde el comienzo de la guerra, ha registrado alzas de hasta un 40%, siendo el commodity que más ha incrementado su valor.

 

En caso que esto pasara, el escenario sería muy complejo puesto que tendríamos que entrar en una puja cuyos únicos afectados serían los consumidores de los productos derivados del trigo. Lo anterior, sin contar el cierre del puerto de Shanghai, el más grande del mundo, bajo su política de confinamiento denominada como “Covid Cero” impulsado por el gobierno de China.

 

“Como agremiación, hemos tratado de mantener los inventarios de trigo. Pero tengan la seguridad, que constantemente estaremos informando a los panaderos y pasteleros sobre la situación actual, esto con el fin de que tengan las herramientas necesarias en cuanto a datos y así sepan tomar las mejores decisiones para sus establecimientos”, finaliza la Directora de la cámara.

 

¿Qué pasará con el panorama a corto y mediano plazo del trigo y sus derivados? Pronto lo sabremos, por ahora como sector es clave trabajar en pro de lo local. Seguir comprando lo nacional, para así, de esta forma lograr mantener los 120.000 empleos directos e indirectos que se asocian a la labor, el funcionamiento de 40 plantas molineras distribuidas en 8 regiones del país, y posicionar aún más la nada despreciable cifra de 1.3 millones de toneladas de harina fortificada que se produce en nuestro país.

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