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Enric y la fábrica de chocolate

ENRIC Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE
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Actualmente la percepción del chocolate se divide en dos; en un lado están aquellos que gustan de los sabores amargos y dulces de un buen bombón, o de la magia y elegancia en el paladar que da un trufa; y por otro lado los amantes y seguidores de lo estético y el ingenio representado en esculturas, réplicas de lugares, personajes y verdaderas obras de arte hechas en chocolate.

Sin embargo, reunir ambas cualidades bajo un mismo estilo es un reto que todos los obradores del mundo tienen que superar a diario. El lograr un producto visualmente atractivo, único en su categoría y de buen sabor es cada vez más difícil en un mercado lleno de propuestas comerciales que a fin de cuentas hacen que la obra de cada quien tenga algo similar.


El caso de Enric Rovira es diferente ya que su creación inicia no en la cocina o en un mesón de mármol sino en su propia imaginación la cual es plasmada y materializada en programas especializados para diseñar sus propios moldes, aquellos que él mismo fabrica y cuyo resultado no es otro que el de productos de talla mundial. En esta ocasión, y desde su taller en Barcelona, España, Enric Rovira, uno de los mejores chocolateros del mundo, nos atendió en exclusiva para contarnos la magia que hay detrás de su empresa.

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Enric Rovira Montesinos nació en Barcelona en el año 1971. Desde muy chico tuvo contacto directo con el mundo del dulce pues sus padres elaboraron pastelería clásica en un pequeño lugar de la capital Cataluña. A pesar de los procesos tradicionales que se manejaban en el negocio de los Rovira, Enric siempre se inclinó hacia lo artístico y lo técnico del oficio.

Su afición por el dibujo, los trabajos manuales, la construcción de maquetas, el cine y la fotografía marcaron su vida a tal punto que la experiencia y técnica de cada uno de sus hobbies se ven representados hoy en día en cada una de las exclusivas piezas que elabora para hoteles, restaurantes y amantes del chocolate. 

En su etapa de adolescencia comenzó a involucrarse de forma directa en el negocio familiar; la elaboración de tartas y pasteles le dieron las bases necesarias para arriesgarse a cambiar un poco el concepto clásico y dar rienda suelta a su vena artística por medio del chocolate. En la Pascua de 1986 les dio vida a sus primeras “monas” de Pascua.

”El chocolate es ideal como ingrediente artístico y además, a diferencia de otras elaboraciones de pastelería, es muy altamente comercializable debido a su estabilidad”. Asegura Rovira.

Con la sensación de haber creado algo diferente, Enric decidió inscribirse en la facultad de informática con el ánimo de crear nuevas aplicaciones, pero la pesadez de la teoría y la poca práctica hicieron que al cabo de pocos meses abandonase la universidad y se implicara plenamente en el organigrama de la

pastelería familiar.

A sabiendas que el oficio de pastelero lo aprendió de su padre durante su etapa de crecimiento, su conocimiento fue pulido mediante seminarios puntuales, impartidos por importantes pasteleros franceses y españoles a los que aún admira. Lo anterior fue reforzado con visitas a pastelerías de París, Milán y otras ciudades europeas, donde Enric descubrió las tendencias, formas, colores, sabores y olores de una pastelería hasta entonces, para él, desconocida.

El recorrer Europa le abrió un espectro antes no contemplado. La decisión por especializarse en pastelería sofisticada y en chocolate hizo que descartase por completo los trabajos de bollería y pastelería clásica en su futuro como profesional. 

Tras años de preparación y luego de juntar conocimientos y capital con su primo Francesc Forrellat, hacia 1993 abren por primera vez Enric Rovira s.I.; una empresa dedicada a la creación y fabricación de productos de chocolate creados bajo lo más altos estándares de calidad, dotados con diseño y presentación contemporánea cuyo objetivo fuese el de marcar un antes y un después en la chocolatería local.

Creo que la clave es mirar el oficio desde afuera, y dejarse influenciar por muchas otras cosas para enriquecerlo”, afirma el chocolatero.

Los veinte años de carrera le han significado éxito comercial y reconocimiento profesional, hechos que han sido representados en solicitudes de importantes escuelas de pastelería de España, Alemania y Francia, para impartir cursos e incluso dirigir la escuela de chocolatería más importante de su país. Para confirmar lo anterior, en septiembre del año pasado fue invitado por la mundialmente prestigiosa universidad de Harvard para dictar una clase de chocolate en la tercera edición del ciclo “Science & Cooking” organizado por las Escuela de Ingeniería y ciencias aplicadas de la Universidad donde también fue participe la celebridad gastronómica Ferrán Adriá. 

“Mi secreto para seguir activo a nivel creativo es…¡Seguir vivo! Disfrutar de los pequeños momentos y apreciar los pequeños detalles que me motivan las ganas de innovar”, manifiesta.

Desde el mismo punto de partida, Enric Rovira s.I. ha creado productos de fabricación limitada como lo es el caso de los turrones de autor, gestados a partir de ideas provenientes de artistas en diferentes campos que le aportan la exclusividad e innovación a los cuales ya están acostumbrados los clientes de Rovira. Su catálogo actual de productos los divide en seis categorías; 

Gastronomic Collection: el resultado de la combinación de sabores clásicos que involucran frutos secos y especias; Barcelona Collection: inspirada en elementos arquitectónicos de Barcelona y de la obra del gran artista Antoni Gaudí; Concept Collection: chocolates conceptuales inspirados en músicos, cineastas, entre otros; Virtual Collection: bombones para disfrutar del chocolate a través del olfato. Una colección creada junto a Darío Sirerol (creador de olores) que propone una nueva forma de encontrar placer a través del chocolate; Essential Collection: productos que remontan a los orígenes del chocolate dando a conocer secretos de las plantaciones de Claudio Corallo en São Tomé e Príncipe hasta su manipulación en la fábrica de Rovira; y finalmente los Artist Collection los cuales son chocolates creados por diferentes artistas en exclusiva para Enric Rovira.

“Mi ritual creativo inicia al momento en el que me surge una idea, un deseo o un sueño. Luego, el proceso continúa con la adaptación de la propuesta para, de esta forma, convertirla en un producto de chocolate atractivo que consiga gustar a mis clientes”

Actualmente los chocolates Enric Rovira se distribuyen en pastelerías, bombonerías, tiendas delicatessen, hoteles, tiendas de diseño y los mejores restaurantes de la mayoría de países de la Unión Europea, EE.UU, Japón y Australia. Entre sus recuerdos más memorables cuenta con pedidos especiales hechos por Ferrán Adriá para su restaurante El bulli.

El español visitó Colombia en el año 2004, momento en el cual fue traído para participar en un congreso de chocolatería. Desde ese momento, aún guarda la expectativa de poder volver al país, descubrir las propuestas, la dinámica del sector y los negocios que en tierras colombianas se comercializan.

“Tengo un buen recuerdo de un viaje para un congreso sobre el cacao y el chocolate durante el cual tuve la oportunidad de visitar algunas plantaciones y catar distintos cacaos, chocolates y chocolates a la taza”.

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