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Revista Pan Caliente

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EL PAN COMO EJE CENTRAL DE LOS MUSEOS

EL PAN COMO EJE CENTRAL DE LOS MUSEOS
Febrero 10, 2020
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"Visitar un museo nos da la oportunidad de encontrarnos cara a cara con la historia traída a la actualidad. Es tener la oportunidad de observar muy de cerca aquellos momentos, elementos y personajes que dejaron huella y que sus acciones, hoy por hoy nos acompañan en diversos ámbitos sociales del tipo político, literario, tecnológico, científico, antropológico y hasta espacial."


Por: Comunicación Digital Levapan.


Sin embargo, en el principado de Asturias (España), más exactamente en la ciudad de Gijón, se encuentra un lugar muy particular. Se trata del Museo del Pueblo de Asturias, un recinto de 35.000 m2 el cual guarda la mayor cantidad de archivo histórico de la zona, y donde además de registros fotográficos, elementos religiosos, medios de transporte, instrumentos musicales, equipamento doméstico y mobiliario, se exhibe una muestra peculiar pero que compete a todo aquel que se sienta identificado con la panadería local y su antropología.


A comienzos de 2019, funcionarios del museo recibieron una donación muy especial: unas bolsas de panadería hechas en tela, que datan del siglo pasado y que pertenecieron a una de las panaderías más tradicionales de la ciudad: panadería y confitería Perales.

Este negocio, uno de los más antiguos de la ciudad (1875), fue abierto desde hace 150 años en la calle Cabrales, gracias a la acción de Ricardo Menéndez Perales, quien decidió abrir su propia panadería en el primer piso de lo que era su vivienda. Ricardo, además de ser la cabeza de la familia Perales, se desempeñó en diversos roles en la ciudad; fue Tesorero del partido Republicano Federal de Gijón y concejal del Ayuntamiento.


No obstante, y como es usual en este tipo de negocios, el relevo generacional llegó en 1902 a manos de su hijo Casimiro, quien además de darle su toque personal trasladó las instalaciones a la calle Santa Doradía esquina con calle Dindurra, lugar que entre otras cosas aún conserva las instalaciones de la panadería.


En la actualidad, quien visite la panadería y confitería Perales encontrará una surtida oferta de productos entre los que se destacan las magdalenas, las galletas de natas, las mantecadas (producto insignia desde tiempos de Casimiro), rosquillas, cocadas, palmeras, bartolos, polvorones, fritos de leche, entre otros. Además del buen recuerdo de un gran sabor, los clientes podrán sentirse parte de la historia ya que estarán llevando el mismo producto que un siglo atrás se distribuía en las bolsas de tela que hoy reposan en el museo.


Portugal no se queda atrás.

En la ciudad de Seia (Portugal) los amantes de la panificación no solo tienen la oportunidad de ver bolsas antiguas pues también podrán disfrutar de un recorrido, en instalaciones de lujo, por la historia del pan portugués. El Museu Do Pão (museo del pan) es un lugar administrado por una empresa privada y el cual busca, desde 2002, promover y enseñar a todos los turistas el rol que ha tenido el pan durante 300 años en contextos etnográficos, políticos, históricos, religiosos, artísticos y social. En otras palabras es un fascinante recorrido mediante situaciones ilustradas y registradas en documentos históricos sobre la importancia del pan en Portugal.


A pesar que abrió sus puertas por primera vez en 2002, la recolección de información, materiales y elementos a cargo de historiadores, empresarios y docentes data de 1996. De esta manera, el grupo de trabajo tuvo seis años para comprar en anticuarios, recibir donaciones y participar en subastas que les permitiese reunir todos los elementos necesarios para inaugurar el proyecto.

El resultado del arduo trabajo fue la adaptación de 3.500 m2 de área cubierta para albergar seis salas de exhibición constante de todo aquello que refiere al pan. Su área, según los propios voceros del lugar, lo convierten en uno de los museos, si no el más, grande del mundo especializado en esta temática.


Lo anterior es un claro ejemplo del interés social que tienen algunos visionarios por conservar y compartir las costumbres y tradiciones de uno de los oficios más antiguos del mundo. Gracias al trabajo mancomunado de algunos, los niños y adultos que quieran aprender más del fascinante mundo de la panificación tienen la oportunidad hoy en día de apreciar, aprender y disfrutar de ese pasado del pan puesto en el presente.


 



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