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Revista Pan Caliente

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Una vez en el agua, hay que seguir nadando; Al agua patos

Una vez en el agua, hay que seguir nadando; Al agua patos
Octubre 04, 2018
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"Desde hace cuatro años, los bogotanos han tenido la oportunidad de disfrutar de una propuesta gastronómica diferente, donde la invitación a que los comensales vivan y experimenten un producto de siempre como el pan de una forma poco convencional, ha sido el eje central de un negocio cuya cabeza es una emprendedora, que más que empresaria, panadera y profesional es una verdadera soñadora."


Por: Comunicación Digital Levapan.


100% Pasión

¿Qué tanta acogida puede tener un pan con comida montada en la parte superior? Fue uno de los interrogantes que se planteó Patricia Bueno al ver por vez primera lo que iba a ser el producto que lo definiría todo en su carrera profesional. Y es que “Pato”, como la llaman sus amigos, no se quedó en la comodidad de un puesto en una multinacional, o tal vez de gerente en una empresa como Papa Johns, de la cual puede alardear hoy en día, y sin problema, en ser la responsable de introducir la mundialmente marca de pizzas a Colombia.

¿Ser empleada toda la vida? ¡No! Su pasión y la intensidad con la que vive cada una de sus ideas y retos personales la llevaron a independizarse, y dejar atrás todo lo que para el resto de las personas se considera como “estabilidad laboral”, bajo el único objetivo de hacer realidad sus propios sueños.

La historia de éxito de esta bogotana con raíces costeñas se rebobina al momento en el que tenía 19 años, momento en el que empezó a trabajar en ese sector tan concurrido y exigente como lo es el de los restaurantes. Poco a poco empezó a hacer carrera en nombres que a todos nos suenan familiares: Andrés Carne de Res y El Corral. Allí, aprendió, creció y explotó todas sus capacidades en cuanto a procesos y responsabilidades para implementar una política de buen servicio. Y es que para tener un negocio exitoso se necesita algo más que tener un producto atractivo. El orden y disciplina, la constancia, y el hacer que el cliente se sienta pleno al estar sentado en un lugar va empaquetado en la misma maleta cuyo destino es el éxito profesional.

Pese a que hasta ahora todo suena como una creciente carrera en el sector gastronómico, no todo en la vida de Patricia ha girado en torno a los fogones, las harinas y los hornos. En un momento de su vida, trabajó con joyas, labor que le permitió conocer diferentes lugares del mundo así como culturas que dejaron huella en su interior. Justamente, en uno de esos viajes, el chip con el cual creció y que desarrolló en su labor como restaurantera se activó poniendo en su radar mental una idea que para algunos, necia, fue el determinante de lo que hoy por hoy se conoce como Al Agua Patos.

En una ida a Tailandia comprendió que la filosofía de servicio y de producción de esa zona del mundo va contraria a lo que todos los occidentales conocen o consideran como el ideal de producto. Por ejemplo, para los europeos y para los nuevos panaderos artesanales colombianos, los mejores panes son aquellos de corteza dura y alveolo extenso, mientras que para los tailandeses y parte de los japoneses, un buen pan debe ser blando, hundirse entre los dedos y servirse como acompañamiento para salsas dulces y cocina de sal.

Bajo el lema de “Al Agua Patos, un camino a toda hora”, Patricia quiere decirle al mundo que su oferta no está hecha simplemente para desayunar o tomar onces. Finalmente, las personas pueden comer a cualquier hora del día.


El hacer de las cosas simples una virtud con la cual pueda alguien triunfar fue lo que necesitó Patricia para tomar la decisión de renunciar a las joyas, a los puestos gerenciales, y comprar un tiquete de avión e irse a Tailandia para estudiar panadería.

Dos meses en Tailandia, estudiando bajo una intensidad horaria alta, fue suficiente para que Patricia Bueno empezara a diseñar un concepto en su cabeza, el cual no vería la luz sino siete años más tarde.

“La gente pensaba que estaba loca. Renunciar a la joyería, luego a Papa Johns e internarme en mi casa durante dos años para hacer pruebas de lo que a mi juicio fuera el “pan perfecto”, no estaba en los planes de nadie”.


De Asia no solo trajo el vivir la vida de una forma diferente: hacer lo que realmente le gusta. De allá extrajo la experiencia del buen servicio, porque si hay algo que caracterice a los japoneses, chinos, singapurenses y tailandeses es el servicio: veloz y eficaz.

Y se lanzó al agua “Pato”

Con la satisfacción de hacer lo que realmente la llenaba, y con la incertidumbre de saber si lo que estaba haciendo era lo correcto, “Pato” empezó a diseñar la carta de lo que a su juicio sería una panadería - restaurante.

Sin embargo, el momento decisivo llegó cuando alguna vez vio un pan con Milo en la parte superior. Con esa idea rondando surgió la noción de montar cosas sobre panes. Probó con pan danés, con pan francés, en desayunos y en cenas. Todo era una visualización, y un imaginario de “¿cómo lo voy a servir?

Poco a poco ese impulso (casi que arrebato) de irse a Tailandia para aprender panadería empezó a unirse con sus proyectos profesionales. Así que, con una buena idea en la cabeza y la experiencia de trabajar en procesos y operaciones en grandes cadenas, Patricia inició la búsqueda de un lugar que cumpliese con sus expectativas.

No obstante, la presión de su círculo social y familiar de no saber qué pasaba con su vida laboral comenzaba a afectarle, y el sentirse con deudas y con un golpe en su ego como soñadora al ser cuestionada por sus habilidades, fue determinante para tomar la decisión de lanzarse al agua y abrir un negocio por todo lo grande.

Al Agua Patos abrió por primera vez sus puertas en 2014. Los primeros dos meses fueron solo nervios: si gustaba la comida, si el cliente quedaba con hambre… todo era incertidumbre. Tal era la presión que Patricia sucumbió ante una crisis nerviosa de la cual salió un mes más tarde al ver que las personas se agolpaban en largas filas en la entrada del local para probar ese producto del cual todos hablaban.

“Todo lo que hacemos, lo hacemos en nuestras cocinas: la salsa, los panes… cada “patos” (como se refiere a sus negocios) tiene su propia central de procesos. Por ejemplo, un pan nuestro no puede durar más de 3 días para que el cliente lo consuma, pero tampoco puede consumirse el primer día porque está demasiado blando. La perfección y el control de cada detalle es lo que ha hecho de Al Agua Patos lo que es hoy por hoy”.


Actualmente, Al Agua Patos cuenta con tres sucursales (escogidas por impulso), un aproximado de 200 empleados y la satisfacción de en cuatro años estar haciendo las cosas bien.

Y es que parte de ese crecimiento, sin contar la gran acogida que ha tenido el negocio en los comensales de Bogotá, se encuentra en el concepto, porque los “pato”, nombre que reciben las tajadas de pan, son el eje central de todos los momentos del día. Hay pato salado, pato de dulce, pato vegetariano, entre muchos más. Su premisa fundamental es la de hacer que el cliente tenga una verdadera experiencia, por lo que las reservas y Patricia no son buenos aliados: “si alguien está cómodo y feliz disfrutando de la experiencia de comerse un Pato, no lo puedo obligar a pararse de la mesa por el simple hecho de respetar una reserva”.

Por ahora, su meta está clara y es la de seguir creciendo con experiencias, nuevos productos (eso si nunca verán arroz en la carta) y abrir otros “Patos” en diferentes lugares de Colombia. Mientras que eso ocurre, Patricia puede sentarse y darle respuesta al interrogante con el que abrió este artículo y el cual fue una constante en su cabeza durante mucho tiempo: el pan con comida en la parte superior ¡Sí tiene acogida!

Bajo el lema de “Al Agua Patos, un camino a toda hora”, Patricia quiere decirle al mundo que su oferta no está hecha simplemente para desayunar o tomar onces. Finalmente, las personas pueden comer a cualquier hora del día.

 



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